Estamos viviendo un momento realmente excepcional, en cuanto a hostelería se refiere. Todos vivíamos una realidad que nos parecía típica: salíamos a comer con amigos, con compañeros de trabajo, con familia, en pareja, etc., y teníamos una amplia oferta donde elegir. 

En estos momentos todo ha cambiado, los restaurantes tenemos que elegir si sobrevivir o cerrar nuestras puertas. La mayoría tenemos que hacer números para rentabilizar nuestra oferta. Tenemos muchas limitaciones de aforo y no sabemos cómo continuaran las cosas pasado agosto.  

El cliente no tiene por qué valorar lo que pasa tras los fogones, pero os aseguramos que la cocina tradicional, tal y como la vivimos nosotros, lleva muchas horas de trabajo. ¿Imaginad por un momento como seria la factura de un menú si la comparáramos con la de un taller de reparaciones, o de un electricista o de cualquier trabajo especializado? Si tuviésemos que contar las horas de trabajo de un jefe de cocina más las de su ayudante, sumando las de la limpieza de utensilios, limpieza de género, servicio en la mesa, recogida de platos y la desinfección de la mesa, el precio del menú sería por lo menos el doble. 

 Como somos conscientes de que no todo el mundo tiene el mismo poder adquisitivo, intentamos dar todo tipo de opciones: menú, medio menú o carta. 

Solo esperamos que después de todo, sobrevivan esos sitios donde disfrutar de una comida tradicional, hecha en casa, a precios asequibles. Tenemos la experiencia de otros países donde solo puedes acceder a ella a precios desorbitados. La perspectiva no es nada halagüeña y es una pena que todo acabe así. 

Entre todos conseguiremos ser mejores en todo lo que hagamos.  

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